El agua es un recurso limitado. Por ello, las empresas deben reformular su actividad y minimizar su huella hídrica. Con ello, a la vez, contribuirán a la consecución de los ODS.

La escasa disponibilidad actual de agua potable y segura es alarmante. Más de 2.000 millones de personas en el mundo carecen de acceso a agua potable y más de la mitad de la población no dispone de servicios de saneamiento gestionados de forma segura. Además, el cambio climático no hace más que aumentar el riesgo de que estas cifras crezcan.

En La gestión empresarial de la huella hídrica: clave para un desarrollo sostenible, Bruno Martínez y el profesor del IESE Joan Fontrodona, titular de la Cátedra CaixaBank de Sostenibilidad e Impacto Social, proponen a las empresas que dediquen más esfuerzos a analizar el impacto de su actividad en el medio, en concreto, en la disponibilidad de agua. No solo es una creciente demanda social, sino que la posibilidad de no disponer de un suministro de agua suficiente es uno de los grandes desafíos a los que las organizaciones pueden llegar a enfrentarse si se mantiene la tendencia actual.

No en vano, un mal uso del agua tiene consecuencias negativas en el medio acuático, pero también el medioambiente en general, la sociedad y la economía. En este sentido, una gestión empresarial del agua adecuada y responsable puede resultar tremendamente positiva en estas áreas.

El impacto de la huella hídrica

Calcular la huella hídrica permite a una empresa estimar el volumen total de agua dulce que utiliza para sus actividades. Se obtiene al sumar todas las huellas hídricas de los bienes o servicios finales elaborados por la compañía; incluyendo tanto la huella hídrica operacional, o directa (volumen de agua dulce consumido o contaminado por la actividad empresarial), como la de la cadena de suministro, o indirecta, que, por regla general, suele ser mayor que la directa.

Cabe distinguir entre tres tipos de huella hídrica: la verde (cantidad de agua procedente de las precipitaciones que se consume durante el proceso de producción), la azul (ratio del volumen de agua extraído de aguas subterráneas o superficiales y el volumen devuelto) y la gris (volumen de agua dulce requerido para asimilar los contaminantes generados y hacerlos inocuos).

Métodos y herramientas para calcular el consumo de agua

En primer lugar, existen dos marcos de referencia para el cálculo y la gestión de las huellas hídricas: la metodología Water Footprint Network (WFN), que ha acabado convirtiéndose en un estándar global de contabilización de uso de agua, y la norma ISO 14046, un estándar internacional que integra todas las etapas de un bien o servicio.

Existen también programas que pueden resultar muy útiles para medir y mejorar el impacto hídrico de la empresa. Los autores destacan el de la CDP y el CEO Water Mandate.

El primero cuenta, desde 2010, con un programa dedicado a la gestión transparente de la gestión hídrica de las empresas y ha desarrollado un cuestionario para que estas informen sobre cómo gestionan el agua y monitoricen sus índices de mejora.

El CEO Water Mandate, por su parte, es una iniciativa del Pacto Mundial de las Naciones Unidas en la que participan actualmente más de 240 empresas que se comprometen en seis áreas de gestión sostenible del agua y a informar sobre su progreso anualmente.

También existen herramientas de soft­ware diseñadas para medir la huella hídrica que automatizan cálculos y simplifican la recopilación de datos, como Aqueduct (WRI), Filtro de Riesgo de Agua (WWF), Smart Water Navigator (Ecolab) y SimaPro.

Contribuir a los ODS

Además, tal es la centralidad del agua en nuestras vidas que la gestión de la huella hídrica puede ayudar a las empresas a contribuir a los ODS, tanto directa como indirectamente.

Así, una correcta gestión del agua tiene un alta impacto en la salud y bienestar (ODS 3), agua limpia y saneamiento (ODS 6), energía asequible y no contaminante (ODS 7), industria, innovación e infraestructura (ODS 9), producción y consumo responsables (ODS 12), acción por el clima (ODS 13), vida submarina (ODS 14) y vida de ecosistemas terrestres (ODS 15).

En definitiva, concluyen los autores, “la evaluación de la huella hídrica se presenta como la herramienta más práctica para que las compañías puedan medir su consumo de agua y los impactos derivados de ello. Únicamente conociendo cómo sus acciones están contribuyendo al panorama actual de la escasez de este recurso será posible que sepan por dónde empezar y desarrollen respuestas reales y efectivas a este problema”.

EL AUTOR DEL ESTUDIO

Joan Fontrodona es doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra y máster en Dirección de Empresas por IESE Business School, España. Es profesor de Ética Empresarial en el IESE, experto en responsabilidad social corporativa. Es titular de la Cátedra CaixaBank de Sostenibilidad e Impacto Social y director del Center for Business in Society.

Artículo publicado en www.iese.edu/es/insight y reproducido previa autorización.