La dolarización ha dado estabilidad y certidumbre al país. Por tanto, se convierte en una llave que podría abrir puertas a oportunidades económicas, si se crean las condiciones correctas.

No es casual que más del 90 % de los ecuatorianos respalde la dolarización. Su estabilidad y certidumbre han dado un respiro al país. Más que una simple política monetaria, se convierte en la llave que podría abrir puertas a oportunidades económicas, en particular si el entorno crea las condiciones correctas para aprovechar su potencial.

Para analizar esta medida, es esencial contextualizar la situación en la que se encontraba Ecuador antes de la dolarización: una profunda crisis económica, financiera y social que perduró durante décadas. La inestabilidad política se vio agravada por eventos como la guerra del Cenepa con Perú (1995-1998), la destitución del presidente Abdalá Bucaram (1997) y un periodo de alta volatilidad política. Además, la crisis económica se agudizó debido a los impactos del Fenómeno de El Niño (1998), la disminución del precio del petróleo (1998), el cierre de varios bancos, lo que culminó en la declaración del feriado bancario en 1999, así como un estallido migratorio que ahondó la situación social.

En el ámbito de la economía mundial, dos eventos cruciales impactaron a Ecuador. En primer lugar, la crisis económica de México (1994-1995), conocida como el "Efecto Tequila", afectó a diversas naciones, especialmente en Latinoamérica. El segundo evento fue la disminución del precio del petróleo en 1998, donde el valor del barril pasó de USD 15 a USD 9, lo cual afectó severamente los ingresos de países dependientes de este commodity.

El 9 de enero de 2000, el Gobierno decretó la dolarización como medida para resolver la profunda crisis que vivía el país. Esta decisión fue tomada por el gobierno de Jamil Mahuad, optando por la convertibilidad de 25.000 sucres por cada dólar.

La implementación de esta alternativa llevó al país a renunciar a la política monetaria, lo cual implicó dejar de imprimir sucres, prescindir de una tasa de interés como instrumento de política monetaria y, por ende, no tener influencia directa en la inflación.

Ahora, ante la oferta de campaña del presidente electo Javier Milei en las elecciones presidenciales de Argentina 2023, la dolarización vuelve a la mesa de análisis y su factibilidad aún más. Por esta razón, a continuación, se analiza lo que ha implicado para Ecuador la adopción del dólar a las puertas de su aniversario número 24.

  1. Crecimiento económico

 En 1999, Ecuador experimentó la caída más pronunciada de su Producto Interno Bruto (PIB) desde los años 60, con una contracción del 4,7 %. Posteriormente, se registró un rebote del 1,1 % en el año 2000, y en los años siguientes, el crecimiento se mantuvo en terreno positivo. Entre 2000 y 2010, el promedio de crecimiento económico fue del 3,9 %. Durante este periodo, la crisis financiera global de 2008 dejó sentir sus efectos en la economía ecuatoriana.

En el siguiente periodo (2011-2019), el promedio de crecimiento disminuyó a un 2,8 %, marcado por eventos como la caída del precio del petróleo en 2015, el terremoto de Manabí en 2016 y movilizaciones sociales en 2019.

En la más reciente crisis desencadenada por la pandemia de COVID-19, la economía ecuatoriana se contrajo hasta alcanzar su nivel más bajo en la historia, superando incluso el impacto del periodo de dolarización, con una reducción del 7,8 % en 2020. Actualmente, la economía se encuentra en una etapa de desaceleración. Según datos del Banco Central del Ecuador, se prevé que el año 2023 cerrará con un crecimiento del 1,5 %, y se espera un 0,8 % en 2024, como se ilustra en el Gráfico 1 (ver en la versión descargable).

  1. Inflación

Con la dolarización se produjo un cambio radical en el nivel de precios en Ecuador. Tras la medida, los precios experimentaron un aumento debido a la especulación y la inercia inflacionaria, alcanzando su punto máximo en septiembre de 2000 con un valor del 107,9 %. A partir de ese momento, la inflación comenzó a descender y ya en el año 2002 mostraba valores de un solo dígito.

Desde el 2003, la inflación en Ecuador ha mantenido niveles estables, con un promedio del 3,4 % entre 2004 y 2010, y un promedio más bajo en los últimos 13 años (2,1 %). Esta consistencia en los índices inflacionarios proporciona estabilidad tanto para los hogares como para las empresas, permitiéndoles planificar con mayor certeza a mediano y largo plazo. En este contexto, el dólar funciona como un ancla que contribuye a la estabilidad de las familias y las empresas. (Ver Gráfico 2 en la versión descargable)

  1. Sector bancario

El sector bancario en Ecuador ha experimentado una completa reestructuración. En 1999 existían 40 bancos privados, hoy son 24 bancos los que operan activamente de manera robusta con indicadores de liquidez y solvencia óptimos. Esta solidez ha permitido a los bancos enfrentar con éxito los ciclos económicos a lo largo de los últimos 23 años. En momentos críticos, como la caída del precio del petróleo y la pandemia, los bancos han demostrado ser actores fundamentales para proteger la dolarización, desempeñando un papel crucial como custodios de los depósitos, al demostrar un alto nivel técnico en la administración de riesgos, lo cual es vital al operar en un país que carece de un prestamista de última instancia.

La evolución del sistema bancario se refleja, por ejemplo, en el indicador de profundización financiera. Este índice mide la relación de los depósitos sobre el PIB y pasó del 13,4 % en 1999 al 37,2 % en octubre de 2023 (Gráfico 3 en la versión descargable). Este incremento subraya la confianza y estabilidad que el sistema financiero ha logrado construir, consolidándose como un pilar esencial en el contexto económico del país.

La expansión de los depósitos demuestra la confianza de los más de 7 millones de clientes bancarios y, al mismo tiempo, ha facilitado la asignación de recursos para proyectos de aquellos ecuatorianos que requieren financiamiento. De manera paralela, la profundización financiera, medida por el crédito sobre el PIB, pasó del 12,1 % en 1999 al 34,8 % en octubre de 2023 (ver Gráfico 4 en la versión descargable).

A pesar de los avances mencionados, la profundización financiera en Ecuador aún presenta oportunidades de mejora. Al tener el dólar como moneda oficial, el país podría volverse más atractivo para la llegada de mayor inversión extranjera para el sector, una posibilidad que actualmente se ve limitada por la baja institucionalidad del entorno, alta incertidumbre, controles de precios mediante techos a las tasas de interés y fijación de tarifas, falta de seguridad jurídica, entre otros.

A nivel regional, otras economías dolarizadas como Panamá y El Salvador exhiben indicadores de profundización financiera (Depósitos/PIB) mucho más altos que Ecuador, con un 117,5 % y 49,68 %, respectivamente. Estos datos subrayan la necesidad de abordar los desafíos mencionados para aprovechar al máximo los beneficios de la dolarización. La revisión y mejora de las instituciones, así como propiciar un entorno de estabilidad y promercado, contribuirán a fortalecer la posición del país como receptor de inversiones y a fomentar un entorno financiero más robusto y atractivo.

La llegada de dólares fortalece al país

El arribo de dólares frescos a Ecuador está estrechamente vinculado a fuentes de financiamiento externo, así como ingresos generados por exportaciones, remesas recibidas e inversión extranjera directa.

En el primer semestre de 2023, las exportaciones netas (exportaciones – importaciones) reflejaron un superávit de USD 1.130 millones, indicando una balanza comercial superavitaria. Las remesas netas (entrantes-salientes) ascendieron a USD 2.216 millones, destacando la contribución significativa de los ecuatorianos que residen en el exterior al flujo de divisas hacia el país. Sin embargo, la inversión extranjera directa, en los seis primeros meses de 2023, fue más modesta, registrando apenas USD 107 millones.

En el complejo panorama del país, es imperativo destacar los desafíos que emergen en el horizonte del acceso a financiamiento y llegada de nuevos dólares. El riesgo país, que a la fecha de redacción de este artículo, sobrepasa los 2000 puntos, se erige como uno de los obstáculos para la obtención de recursos necesarios. Este indicador, sumado a elementos de volatilidad política e inseguridad, representan barreras tangibles que impactan la capacidad del país para acceder a financiamiento.

A este desafío se suma la urgencia de una situación fiscal apremiante, que complica aún más la obtención de nuevos recursos. Estos elementos señalan la necesidad de abordar cuestiones clave que afectan la percepción del riesgo en los mercados. La implementación de estrategias dirigidas a mejorar esta percepción no solo es esencial para superar estos obstáculos, sino que abre la puerta a la atracción de inversiones necesarias para fortalecer la dolarización. (Ver Gráfico 5 en versión descargable).

Mirando hacia delante, la dolarización en Ecuador se posiciona no solo como un pilar de estabilidad y certidumbre, sino como un faro de amplia aceptación para la población. Aunque ya ha demostrado ser la llave para numerosas oportunidades, el desafío ahora radica en girar esa llave hacia la atracción plena de capitales y el aprovechamiento total de su potencial.

Para desbloquear las puertas que conducen a un mayor atractivo de capitales, es imperativo fortalecer la estabilidad jurídica, operar con normas alineadas a las mejores prácticas internacionales y fundamentar nuestras estrategias en los sólidos pilares de la competitividad. Al trazar este camino, Ecuador se coloca en una posición propicia para aprovechar todo su potencial, abriendo las puertas a un mayor desarrollo económico y social.

LA AUTORA

Andrea Villarreal Ojeda es máster en Administración Pública en Economía y Políticas Públicas por The London School of Economics and Political Science (LSE), máster en Finanzas y Gestión de Riesgos por la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB), especialista superior en Finanzas (UASB) y economista por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Actualmente es directora del Departamento Económico en la Asociación de Bancos Privados del Ecuador (ASOBANCA) y profesora de Macroeconomía y Entorno Económico del IDE Business School.