Al hablar de políticas públicas y proyectos para eliminar la pobreza, a ésta se la debe medir por un tema multidimensional, en donde se abarque “un enfoque de derechos y capacidades”

Durante muchos años, mundialmente se acostumbró a medir el nivel de pobreza de la gente en relación a sus ingresos, es decir al PIB per cápita. Sin embargo, las mismas realidades de las personas nos han demostrado que se debe hacer un análisis más profundo, y que al hablar de políticas públicas y proyectos para eliminar la pobreza –que es uno de los principales retos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible–, a ésta se la debe medir por un tema multidimensional, en donde se abarque, como menciona Diego Zavaleta de la Universidad de Oxford, “un enfoque de derechos y capacidades”.

En este sentido, como menciona el mismo autor, es necesario repensar las métricas para medir dimensiones de la vida que son importantes para el desarrollo de las personas, ya no solo pensando en temas monetarios.

Es así que se propone que la pobreza sea medida a partir de las siguientes dimensiones y de forma diferenciada para cada realidad social:

  • Seguridad física. La violencia es la primera razón de la inseguridad humana. Y no nos referimos solo a las guerras: hablamos de homicidios, femicidios, abusos, robos. Esto se vuelve un problema de salud pública ya que, a nivel mundial, 1,6 millones de personas mueren al año por heridas de violencia.
  • Empleo y calidad de trabajo. Se podría pensar que el hecho per se de tener trabajo ya saca a una persona de la pobreza, pero realmente no es así. Todavía, sobre todo en países en vías de desarrollo, encontramos trabajos en donde se vulneran los derechos de los trabajadores o existe mucho subempleo. Además, existe el trabajo informal que afecta también a esta realidad. En este aspecto, se han creado modelos que sirven de base para mejorar el empleo, las condiciones y la calidad del trabajo, asegurando un desarrollo efectivo de las personas.
  • Empoderamiento. Es poder actuar por convicción propia, sin estar obligado a hacerlo por las mismas condiciones y realidades que se viven, es respetar la libertad. Empoderamiento para ser parte del cambio y del desarrollo.
  • La capacidad de ir por la vida sin sentir vergüenza ni humillación. Un testimonio decía “ser pobre hace que me humillen a diario”. Es indispensable dejar de utilizar el término “pobre” como un descalificativo, es necesario construir sociedades decentes, en donde el Estado no discrimine a sus habitantes, por ninguna situación o condición, en donde el respeto a la dignidad humana se convierte en el centro del accionar colectivo.
  • Conectividad social. Las relaciones interpersonales son esenciales para el desarrollo pleno de las personas. Tener gente cercana, amigos, no solo es valorado por el bienestar que causa, sino también porque esto representa una oportunidad, por ejemplo, para conseguir empleo. No se puede permitir el aislamiento social. Las relaciones personales son esenciales para un verdadero bienestar.
  • Bienestar psicológico y subjetivo. Tener los derechos satisfechos, sentirse valorado y respetado, darle sentido a la vida. Estas son condiciones que la gente pobre siente que no las vive y que se necesita crear proyectos para mejorar su autoestima y sentido. Es decir, lograr tener ciudadanos felices.

Si se analizan estas nuevas dimensiones se puede ver que todas son parte de los derechos humanos, es decir son el mínimo para el desarrollo de una sociedad. Las nuevas tecnologías nos permiten tener nuevos datos, nuevas investigaciones que inciden en la toma de decisiones. Es esencial que los gobiernos tomen en cuenta esto para el desarrollo de políticas públicas innovadoras y sostenibles, con visión más amplia y profunda, en donde el ser humano vuelve a ser el centro del accionar. Sus derechos, dignidad, libertad y felicidad son la prioridad.

LA AUTORA

Gisela Montalvo Chedraui es Master en Administración de Empresas por la Universidad Camilo José Cela, España, y Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad de Los Hemisferios, Ecuador. Actualmente es Directora de la Escuela de Gobierno del IDE Business School.