Durante estas cuatro décadas la diversidad de intereses y la lucha por el poder impidieron la cooperación entre partidos, poderes y actores…

Se cuenta que el castigo de Sísifo —fundador y rey de Éfira, antiguo nombre de Corinto— fue el de cargar una roca desde la base de la montaña hasta su cima y, cuando lograra este cometido, la roca caería nuevamente a la base por su propio peso, obligando a Sísifo a volverla a cargar, una y otra vez hasta la eternidad.  

Los últimos cuarenta años de democracia en el Ecuador se han desarrollado, en muchos aspectos, de forma similar al famoso mito griego. Los gobiernos han tenido que cargar una piedra desde la base de la montaña hacia la cima y, en muchos casos, la roca no llegó a la mitad de la montaña cuando ya caía por su propio peso. Pero, ¿por qué razón un país con tanto potencial se convierte en una metáfora de un mito griego?

Con el retorno a la democracia en el Ecuador, se ha podido constatar cómo se ha desarrollado un cambio en las posiciones y en la manera de manejar el poder. Con Jaime Roldós en la Presidencia, el Ecuador sentía que el cambio comenzaba a nacer. La democracia se convertía en la ilusión de los ciudadanos, se iba dar un cambio en la manera de llevar a cabo las relaciones de poder entre mandantes y mandatarios, entre las instituciones políticas y la sociedad civil.

Lamentablemente, durante estas cuatro décadas la diversidad de intereses y la lucha por el poder impidieron la cooperación entre partidos, poderes y actores, convirtiendo lo institucional en un campo de lucha entre las hegemonías predominantes de nuestro país e impidiendo la realización de los grandes objetivos y aspiraciones nacionales. Los desacuerdos entre gobierno y grupos sociales, además de manejo poco estratégico de la política estatal y una crisis institucional perenne, han hecho que en estos cuarenta años no se haya podido implementar políticas públicas y verdaderos modelos democráticos a largo plazo.

¿Ha habido, entonces, gobernabilidad durante estos cuarenta años de democracia en el Ecuador? La gobernabilidad, como concepto, es el funcionamiento óptimo del Estado, en el cual las instituciones sirven de manera eficiente y eficaz, ya que son éstas las que se dedican a atender las demandas sociales.

Durante esta época se puede evidenciar y demostrar precisamente cómo se ha logrado la gobernabilidad en la ingobernabilidad, con periodos presidenciales inestables, conflictivos, con vacíos ideológicos y con falta de políticas claras para impulsar el desarrollo.

Si bien cada periodo atravesó importantes crisis, Ecuador sigue siendo un país en donde la esperanza no ha muerto. Los ciudadanos siguen esperando, desde hace cuarenta años, el anhelado retorno a la verdadera democracia y la situación general de bienestar.

Para lograrlo, se necesita crear valor público, con verdaderas políticas públicas, con visión a largo plazo, con efectiva participación ciudadana. Con cambios sustentables y aplicables más allá de un periodo presidencial.

Es así que dejamos a nuestros gobernantes como la mitología griega dejó a Sísifo, al pie de la montaña donde vuelve siempre a encontrar la piedra que tendrá que cargar por unos cuantos años más, hasta que otro Sísifo vuelva a la base. Sin embargo, este esfuerzo para llegar a la cima llena el corazón de los ecuatorianos, gente trabajadora, decente y con ganas de superación. Estamos seguros que llegará un día en que, si todos colaboramos, Sísifo podrá descansar y ver a su piedra y a todos los ciudadanos en la cima, sin riesgo a que esta se caiga nunca más[1].

[1] Extracto de investigación de Diego Estrella y Gisela Montalvo.

LA AUTORA

Gisela Montalvo Chedraui es Master en Administración de Empresas por la Universidad Camilo José Cela, España, y Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad de Los Hemisferios, Ecuador. Actualmente es Directora de la Escuela de Gobierno del IDE Business School.